Viernes 22 de Marzo 2019. 19 hs.

Apertura de “Del Tiempo Perdido”

Luna Acosta + Antonella Ricagni + Alberto Sassani + Andrea Trotta

Este proyecto parte de una intuición. Propone preguntarnos por la relación entre tecnología, subjetivación y deseo. Es decir: el vínculo entre lo que hacemos, lo que deseamos y como construimos los relatos que nos mueven por el mundo.

Curaduría: Federico de la Puente

 

Plusvalía del deseo.
“El concepto de clase social no tiene consistencia ontológica sino que debe ser visto como un concepto vectorial. La clase social es proyección de  imaginaciones y proyectos, efecto de una intención política y de una sedimentación de culturas”1
A mediados de la década del 70’, en pleno avance tecnológico, se hace visible un movimiento obrero disidente: la juventud pugna por la desafección al trabajo. El trabajo industrial -aquel que aún hoy es emblema de las organizaciones obreras tradicionales- parecía evitable. Al mismo tiempo, surgían el punk, la microtecnología, las interfaces amigables.

Todos elementos que hoy nos resultan naturales, e incluso parecen obvios. La renuncia al trabajo promovía el abandono de la idea de sujeto estático y de su identidad forjada por determinado rol en la sociedad.
Ante la fragmentación de nuestro tiempo productivo en la actualidad -40 años más tardesurgen algunas preguntas. ¿Es conveniente volver al trabajo moderno, obrero, proletario? ¿Es preferible la jornada laboral determinada? ¿Nos robaron o renunciamos a la identidad
obrera colectivizada? ¿Nos es posible abandonar nuestro puesto de trabajo, siempre en movimiento, siempre fluctuante, siempre presente?

Aquí debemos entender el rol del artista como trabajador. Como miembrx de un colectivo productor de mercancías. Así como cada unx de lxs actores del campo del arte. En este sentido, y en una historia del arte que continúa apelando a la desmaterialización y a una poética de lo proyectual, estxs cuatro artistas eligen la labor manual como elemento distintivo en sus prácticas. La misma, sin embargo, no es seriada ni rutinaria: se trata de un ejercicio flexible que se amolda según las necesidades de cada momento. La utilización de la materia no es limitante, sino potenciador de nuevos desafíos.

Del Tiempo Perdido, propone retomar estas prácticas analógicas y aparentemente improductivas para compartir con sus autores el placer del hacer para re-apropiarse del paso de cada minuto. Muchas veces, con una mirada campo adentro, estas obras recuperan el afán práctico e irónico a la vez. Hacer para reflexionar sobre lo que se está haciendo, lo que se hizo o lo que se hará también es una posibilidad. Pensar hoy, para huir de la urgencia superficial.
Finalmente, proponemos recuperar aquello que hacemos -cualquier cosa que ésta fuera- para apropiarnos de nuestros roles. Convertir el sujeto en subjetiv-acción, entender qué nos mueve o nos suspende y animarnos a hacer propio lo fluctuante del tiempo que vivimos.
Porque, en definitiva, si algo producimos e intercambiamos, seamos nosotrxs lxs que podamos administrar la más valiosa plusvalía: la del deseo.

“Para avivar el fuego / No me falte el aire
Mi voz sea la herramienta / Cuando el trabajo sea
reverdecer”2

Lic. Federico de la Puente
Curador